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Archivar como 18/08/08

Lo dicho.

En muchas ocasiones la publicidad simple es la más efectiva y para prueba de que las ideas que tienen como objetivo generar conciencia social no están peleadas con la buena imagen y aumento en ventas que les pueden generar a quienes las proponen, estos mupis (mobiliario urbano con publicidad integrada) que realizó Saatchi & Saatchi Sudáfrica cumplen con todo el requisito social y hacen de Osram (uno de los más grandes fabricantes de artículos de iluminación en el mundo) una marca que a nuestros ojos está haciendo bien las cosas:

Y está todavía tiene más onda esta campaña: el hecho de tener outdoors como etos que envuelven a quienes tienen la fortuna de verlos y vivirlos en vivo, recrea una situación totalmente real para los probables consumidores, ya que el mupi se enciende cuando, mediante un sensor, detecta la presencia de alguna persona que hace uso de él con el claim: “Utiliza la energía eléctrica sólo cuando la necesites”.

Acertadísimo.

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Yo me imagino y sin temor a equivocarme que no habrá un sólo país en todo el mundo que goce de un nivel cero en delincuencia.

Desafortunadamente es un mal que todos hemos sufrido en primera, segunda y tercera persona y es claramente un hecho reprobable para quienes lo practican y por supuesto para quienes lo sufren; sin embargo existen creativos y clientes en Nueva Zelanda que consideran que no es tan grave y se puede tomar como un acto a la ligera.

Yo, personalmente, nunca haría un comercial (aunque al final esté justificado), agarrándome de una situación tan delicada como la que vemos en este anuncio para el Ford Mondeo en Nueva Zelanda realizado por JWT:

Pienso que hay cosas realmente delicadas de tratar, y es por esa razón que no vemos comerciales que se burlan de temas como la guerra, el cáncer, la pobreza, el bandalismo y un sin fin de espinosos temas que en todo el mundo son cosa de todos los días.

Vamos, comprendo el eje creativo del comercial, pero de ningúna forma se me hace práctico ni vendedor este concepto, además de que -aunque esté pecando de extremista- creo que a Ford no le deja una buena imagen.

Aún así cabe la posibilidad de que me esté equivocando y Nueva Zelanda sea el país más seguro del mundo (con lo que el presente post pierde total validez) pero como siempre, esta es mi humilde opinión y la de ustedes siempre será la más importante.

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Me quedé algunos minutos sentada en la escalera de emegencia (para salir al baño tenemos que pasar por el pasillo de elevadores), tratando de asimilar lo que había pasado; por ahí era muy raro que pasara alguien –salvo los chicos de limpieza-, así que no me preocupaba por ser descubierta y ni siquiera me importaba.

Me llamó la secretaria del presidente de la agencia para preguntarme si estaba lista para verle pues me estaba esperando, me sequé las lágrimas y le dije que sí, que estaba lista y que en unos minutos me esperara, que iba para allá.

Siempre he pensado que es en estos momentos cuando el temple de una persona se hace valer, y en los momentos más inadecuados para mi era cuando más tenía que sacar la personalidad dura que me caracterizaba, sin embargo pelear contra la ridiculización generalizada era mucho más difícil hasta para quien poseyera el corazón más fuerte y la razón menos indulgente.

Todo eso sucedió en pocos minutos, y cuando estaba dispuesta a continuar con mi trabajo o con la ridiculización, llegó José, me secó las lágrimas y me dijo que no me preocupara, que además él no era mi jefe, sino mi compañero y que nadie tenía derecho a opinar sobre mi vida personal, así como tampoco yo tenía derecho a hacerlo con la vida de otros. Y tenía toda la razón (José siempre ha sido de buenas e inteligentes palabras, si a eso se dedica pues…), y me llevó abrazada hasta mi lugar y me dijo que no me preocupara de nada, que todo se iba a arreglar y yo seguía sollozando cuando le gritaron que si iba a comer.

Él contestó que sí y apurado me dio un tierno beso en la mejilla y salió corriendo. Yo por mi parte y apurada tomé mi computadora y me dispuse a bajar a la oficina de nuestro jefe para checar lo pendiente; él me dijo que estaba a punto de irse porque yo no bajaba y rápidamente y con la cara ruborizada checamos lo que había que presentar y me fui a mi lugar a realizar los cambios.

Pero antes de eso me puse a pensar: ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar nuestra vida profesional por un poco de placer? ¿De verdad somos tan idiotas como para enredarnos con alguien del trabajo y echar todo por la borda? Tal parece que sí porque es la historia de todos los días.

Porque sólo basta con que echen una mirada a su alrededor para conectar a unas personas con otras y dar fe y legalidad del cochinero de fluídos que semana a semana se intercambian entre uno y otra, o esta y ese y la cosa no tiene fin. Es como si nos gustara jugar con fuego, como si el tener ondas con alguien de la oficina nos hiciera más interesante la vida laboral, porque conozco a la mitad de las novias de mis compañeros y ellas no saben lo que en las fiestas de la agencia sucede, ni en los elevadores o mucho menos en las fiestas que toman lugar cuando alguno de nosotros se va o es su cumpleaños… son cosas de trabajo dicen ellos y por eso no las llevan.

Ahora estoy segura que para ser creativo publicitario se necesita algo más que sólo imaginación, porque este es un trabajo tan demandante e importante como ser contador o abogado, pero tal parece que los creativos no le damos la importancia merecida y la prioridad necesaria y hasta que eso no suceda, seguiremos siendo un país de mediana publicidad, como en todo.

Yo he decidido nunca más liarme con nadie en la oficina, jamás, ni por el tipo más interesante que si no es creativo parece pandillero, ni por nadie porque nada vale más que mi trabajo.

¿Y mi presentación ante el cliente?

-Podría estar mejor- me dice. Y tiene toda la razón.

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